"Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste...." ¿Que tal ? ¿"bien" o "mejor"?
lunes, 15 de febrero de 2016
¿El entusiasmo "vende"?
¿Sabías que el éxito de un alto porcentaje en la venta, radica en el comportamiento e interacción del vendedor/a con su interlocutor?
Esto, sencillamente quiere decir que dependiendo de nuestra forma de escuchar, de actuar, de responder, de preguntar e incluso de movernos, va a influir en el resultado final.“El 80% de la venta se basa en la psicología”
Una pregunta que me gusta hacer en mis clases y cursos de ventas es la siguiente:
“¿Qué porcentaje de la venta, independientemente del producto o servicio ofertado, depende de la Actitud y que porcentaje depende de las Aptitudes del vendedor?”
Habitualmente, los empresarios, emprendedores o profesionales independientes asistentes responden en función de su formación y experiencia, lógicamente,y prácticamente siempre, si tienen una vertiente más técnica (arquitectos, informáticos, ingenieros, etc..) responden dándole a las Aptitudes un porcentaje entre el 50% y el 75%, y el resto a la Actitud.
En cambio, si la formación y experiencia no es tan técnica, responden esos mismos porcentajes, pero a la inversa, entre 50% y 75% recae en la Actitud y el resto en las Aptitudes.
Deciros que aproximadamente la mitad de los asistentes cogen la postura salomónica del 50/50, ya que creen que una sin la otra en equilibrio no suelen dar buenos resultados.
La sorpresa es que pocos aciertan, porque la realidad, dependiendo de los estudios y las fuentes que los realizan, nos ofrecen unos porcentajes bien distintos.
Un 82-85% correspondería a la Actitud
Un 15-18% seria Aptitud.
Si reflexionamos sobre estos datos, veremos rápidamente que la Actitud lo es todo,aunque también es muy importante conocer muy bien tu producto o servicio. Aunque ten en cuenta que sólo tener un gran conocimiento de lo que vendes no va a ser determinante en la venta, sino que lo que va a marcar diferencias va a ser tu Actitud.
“No son tus Aptitudes, sino tu Actitud lo que determina tu Altitud”
El Entusiasmo, más que un rasgo o característica de la personalidad humana, ha sido y es el compañero del Éxito en todos los logros, aventuras, triunfos y progreso de la historia del ser humano.
Cuando el Entusiasmo es interiorizado y puesto en práctica, se refleja en tu tono de voz, en tu forma de hablar , en el brillo de tus ojos y hasta en la forma de andar.
El Entusiasmo se reflejará en tu modo de interactuar y vender, y en la forma en que tus potenciales clientes reaccionan a tus palabras, porque el Entusiasmo en realidad es una cuestión de emociones, que cuando lo proyectas, estás en la posición adecuada para “tocar la tecla” de las emociones de otras personas.
El entusiasmo es poco conocido en general, porque la mayoría de las personas lo confunden con comportamientos bien distintos.
Si nos fijamos en acontecimientos deportivos, mítines políticos e incluso en algun que otro espectaculo, nos podemos encontrar con muestras exageradas de energía, que a veces se confunde con el entusiasmo. Estos gestos no son más que “excitación” o “euforia en masa”, y no tienen nada que ver con el entusiasmo.
El Entusiasmo es el reflejo en el exterior de una emoción interior.
Los profesionales de la venta que están fuertemente comprometidos con su producto o servicio irradian una convicción emocional que no pasa desapercibida. Ahí es donde podemos ver el entusiasmo en su estado puro, porque brota del corazón y no puede disimularse, de la misma manera que difícilmente podemos disimular un amor intenso o una gran tristeza.
Y ahora a entusiasmarse toca.
Y tu como vas de entusiasmo ¿bien o mejor?
A disfrutar de este extraordinario día!!!
jueves, 4 de febrero de 2016
¿Que tal si pones un "Coach" en tu vida?
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¿Es esto lo que sientes? |
¿A estas alturas de tu vida, es ésta realmente lo que esperabas de ella?
Si te retrotraes a tu pasado....cuando jugabas a "ser mayor" y te proyectabas pensando qué sería de tu vida...
¿Te imaginabas que tu vida seria como es ahora?
¿Coincide con tu proyecto?
¿Que te gustaría hacer que no haces?
¿Que te gustaría pensar que no piensas?
“Nuestro tiempo es limitado, de modo que no lo malgastemos viviendo la vida de alguien distinto. No quedemos atrapados en el dogma que es vivir como otros piensan que deberíamos vivir. No dejemos que los ruidos de las opiniones de los demás acallen nuestra propia voz interior. Y lo que es más importante, tened el coraje de hacer lo que os dice vuestro corazón e tu intuición. Todo lo demás es secundario". Steve Jobs
Aunque nos resulte lejano e increíble en algunos momentos, vida no tenemos, que sepamos, más que una…
Como decía Jobs, no vivas tu vida.,…viviendo los sueños de los demás…….
Pero esto es tan fácil de decir y sin embargo, tan complejo de abordar....!!!
La rutina, los hábitos, los compromisos,….sencillamente el estar en nuestra zona de confort, nos hace creer que nuestra vida es esto que tenemos o hacemos y poco más.
Son numerosas las excusas que nuestra mente nos plantea para afrontar cualquier tipo de cambio.
Desde las más sencillas y socialmente aceptadas (... ya no tengo edad, no tengo esa habilidad, no tengo tiempo……), hasta las más elaboradas y maquiavélicas, porque realmente nos resulta más fácil mantener nuestra situación, por muy dolorosa que esta sea, que cambiar y hacer distinto, para conseguir resultados diferentes.
Y sin embargo, aquí está la clave. En el cambio. Se trata de provocar cambios.
Y aquí es donde aparece la figura del “coach” y del "coaching" porque esta estrategia se centra en el cambio, en el aprendizaje y en el denominado, "Desarrollo Personal".
En el coaching se trata de trazar un plan de acción que nos lleve, de la situación donde estamos, a la que nos gustaría estar o tener.
¿Y qué papel ocupa el /la "coach" en esta historia?
Los/las coach somos profesionales que ayudamos y acompañamos a nuestros clientes en este proceso de cambio.
¿Y qué tiene de particular el "coaching"?
Una de sus claves es centrarse en la Acción.
La acción más pequeña vale más que la intención más grande.
La acción más pequeña vale más que la intención más grande.
Otra muy importante es centrarse en los objetivos.
En lo que se quiere conseguir. En lo que quiere lograr el/la cliente/a.
No en lo que fuiste o no eres, sino en el potencial de lo que puedes llegar a ser o tener.
En lo que se quiere conseguir. En lo que quiere lograr el/la cliente/a.
No en lo que fuiste o no eres, sino en el potencial de lo que puedes llegar a ser o tener.
Se trata de averiguar qué quieres y ayudarte a conseguirlo.
“Para quien no sabe a dónde va, no hay buen viento ni mal viento.” Séneca
¿Quiénes son susceptibles de recurrir al "coaching"? ¿Qué razones nos pueden impulsar a poner un "coach" en nuestra vida?
Las respuestas a las siguientes preguntas te pueden dar la clave.
- ¿Quieres que tu vida tenga un sentido? ¿un "propósito"?
- ¿Te gustaría conocerte más, entenderte mejor y relacionarte con mayor seguridad?
- ¿Qué cambios te gustaría hacer en tu vida y no te atreves a hacer?
- ¿Qué te gustaría sentir o ser si no tuvieras miedo o si supieras que vas a conseguirlo teniendo éxito?
Los "coaches" ayudamos en estos y otros procesos porque entendemos que tener problemas es inevitable, pero ser derrotad@s por ellos es opcional.
Somos mantenedores y aceleradores de proyectos. Acompañamos en el proceso.
Y ahora… ¿Qué tal si pones un “coach” en tu vida?
"¿Qué tal?" ¿"Bien" o "mejor"?
lunes, 11 de enero de 2016
Tú si, tu! ¿Estas pensando desde el miedo o desde el amor?
Si deseamos recibir abundancia en nuestra vida, es preciso que comprendamos que en último término en el mundo hay dos energías y en cada circunstancia o momento, lo sepamos o no , vivimos acompañados por una de ellas.
Quizás no seas consciente, pero esto es algo que ya has venido haciendo hasta el momento.
Una de estas energías es el amor, que genera abundancia, y la otra el el miedo.
Ambas son energías creativas y están constantemente en funcionamiento
El amor genera abundancia y el miedo genera escasez.
En cada momento de tu vida pregúntate ¿Estoy decidiendo desde el amor o desde el miedo?
El miedo genera y manifiesta escasez en nuestras vidas.
El miedo nos inmoviliza, nos paraliza, nos agarrota e impide que afrontemos nuevos retos y desafíos, nos hace desconfiar de las personas, nos lleva a pensar en pequeño y a enfocarnos en lo que no queremos, en lugar de centrarnos en lo que queremos.
La consecuencia de todo esto es que nuestra vida funciona a una velocidad mas lenta.
El miedo nos mantiene atados con "hilos invisibles" a esa rutina silenciosa que manifiesta la escasez en nuestra vida.
El amor acelera los tratos, las relaciones y los resultados.
La abundancia es consecuencia natural de vivir con confianza y desapegado de los resultados.
El amor nos mueve, nos hace vibrar, nos invita a afrontar nuevos desafíos, aun siendo conscientes de que muchos de ellos no llegaran al lugar que planeaste inicialmente.
El amor nos hace pensar en grande pero actuar con humildad.
La energía del amor acelera los resultados y permite que nuestros objetivos se manifiesten en menos tiempo.
El amor es confiar que cuando necesites algo, encontraras esos recursos,
El amor es pensar que te lo mereces, por el simple hecho de ser persona.
El amor es cambiar de opinión si quieres hacerlo, es reír , disfrutar y vivir cada momento como lo que es, en el aquí y el ahora, como un regalo con fecha de caducidad, que nos da la vida.
El amor es saberte merecedor de las cosas buena de la vida, en cualquiera de sus manifestaciones.
Y ahora, nosotros decidimos.
Tu...si, tu! ¿decides vivir desde el miedo o desde el amor?
"¿Qué tal? ¿bien o mejor?"
lunes, 5 de enero de 2015
Mis muy queridos "Reyes Magos"...
Comienza un nuevo año, un año lleno de proyectos e ilusiones,
lleno de cambios y nuevas oportunidades , repleto de buenos, mejores y
nuevos deseos...un año, que como los anteriores, será lo que me proponga que
sea, porque cada día soy más consciente de que la actitud es lo marca la
percepción de éxito o "fracaso".
¿Y qué es eso de la actitud? Es la disposición o el ánimo con que
afrontamos una situación.
Es evidente, probablemente para cualquiera, que los
acontecimientos de la vida, lo que nos va pasando, y el efecto que tiene en
nosotros, depende de la actitud que adoptemos.
Y aquí es donde podemos elegir.
Yo no puedo elegir lo que me ocurre, pero si qué es lo que "hago" con lo que me ocurre.
Yo no puedo elegir lo que me ocurre, pero si qué es lo que "hago" con lo que me ocurre.
Y en este año que comienza, y en un día como hoy (víspera de
"Reyes Magos"), escribo mi carta pidiendo una gran cantidad de
"Actitud" positiva. De esa que sé, porque lo he experimentado con
anterioridad, que ayuda a entender y a aprender, de las situaciones
"dolorosas" de la vida. De "esa" que me permite vivir las
circunstancias desde la visión constructiva de las cosas y que me ayuda a
seguir creciendo y a seguir creyendo. De "esa" que me permite seguir sonriendo, porque me da fuerza para continuar.... de "esa" que todavía me permite "ser
niña" y me ayuda a creer en los " Magos”.
Y ahí va mi carta.
Y ahí va mi carta.
Queridos "Reyes Magos":
Este año he sido consciente. Muy consciente.
He llorado y he reído con verdadera pasión. He luchado por entender la injusticia y por aferrarme a lo que es justo. He vivido el dolor de la perdida (y duele mucho todavía), y la alegría de conocer a nuevas y extraordinarias personas. He juzgado y me ha dolido. He disfrutado y se han reído conmigo. He vivido plenamente,lo mas que sé y lo mejor que voy aprendiendo a hacerlo.
He llorado y he reído con verdadera pasión. He luchado por entender la injusticia y por aferrarme a lo que es justo. He vivido el dolor de la perdida (y duele mucho todavía), y la alegría de conocer a nuevas y extraordinarias personas. He juzgado y me ha dolido. He disfrutado y se han reído conmigo. He vivido plenamente,lo mas que sé y lo mejor que voy aprendiendo a hacerlo.
Mis queridos "Reyes Magos", gracias por vuestros
regalos. Todos los años recibo mucho. Un año más, confío en vuestra
generosidad.
Confió en vosotros y confío en la vida y en mi responsabilidad para mantener una "actitud responsable".
Vuestra siempre.
¿Qué tal? ¿bien o mejor?
Confió en vosotros y confío en la vida y en mi responsabilidad para mantener una "actitud responsable".
Vuestra siempre.
¿Qué tal? ¿bien o mejor?
jueves, 8 de mayo de 2014
¿Abusas de tu energía?."Cuando menos, es mas"
Releo a Deepak Chopra .
Recordando sus sabias palabras, unas cuantas reflexiones.
En la ciencia Védica, filosofía de la India, este principio al que voy a hacer alusión, se llama principio de la economía de esfuerzo o el ya conocido "hacer menos para conseguir mas" .
La naturaleza es sabia en este aspecto.Funciona sin esfuerzo, sin roces.
No es lineal, es intuitiva y holística.
Recordemos por un momento, que formamos parte de esa naturaleza.
Entonces ¿que hace que desgastemos en el día a día, tanta energía?
Desde mi punto de vista, y entiendo que es muy personal, una gran cantidad de energía la consumimos en prestar atención al "ego".
Como dice Deepak Chopra ".....cuando buscamos el poder y controlar a los demás, o buscamos recibir la aprobación de los demás, estamos despilfarrando energía.."
La mayor parte de la energía, dice Carlos Castaneda, ..."la dedicamos a defender nuestra importancia.
Si fuéramos capaces de perder una parte de esa importancia, nos sucederían cosas extraordinarias". Liberaríamos nuestra energía del esfuerzo de mantener la idea ilusoria de nuestra grandeza.
¿Y que podemos hacer para vivir en ese mínimo esfuerzo?
¿Como podemos "hacer menos y conseguir mas"?
Lo primero es la ACEPTACIÓN.
Implica generar el compromiso diario de "aceptar a las personas, las situaciones y las circunstancias del día a día, como son, como vienen".
Aceptar que cada momento es "tal y como debe ser".
Podemos desear que las cosas sean diferentes en el futuro, pero en estos momentos se trata de aceptar las cosas como son.
Se trataría de entender (algo nada fácil), que cuando nos sentimos frustrados o nos altera una persona o una
situación, no estamos reaccionando ante esa persona o esa situación, sino ante los sentimientos que albergamos cada uno de nosotros con respecto a esa persona o situación, y esos pensamientos o sentimientos son nuestros, no de la otra persona.
El siguiente concepto es la RESPONSABILIDAD.
Implica no echar la culpa de nuestra situación a nada o a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
Entender que todos los problemas contienen las semilla de la oportunidad , de hacer algo mejor y de evolucionar.
Si así lo hiciéramos , las preocupaciones se transforman en "ocupaciones" y en fórmulas para crear algo nuevo y aprender formas distintas.Detrás de todos los sucesos, hay "significados ocultos" y a veces estos, son los que realmente marcan nuestra evolución.
El tercer concepto es la INDEFENSIÓN.
Con el solo hecho de renunciar a la necesidad de defender continuamente nuestro punto de vista, ya economizaríamos cantidades ingentes de energía.
Cuando nos ponemos a la defensiva, acusamos a los demás, y no aceptamos el momento , creamos resistencias que nos llevan a derrocharla..
Alguien me dijo una vez "El pasado es historia; el futuro es un misterio, y este momento es un don. Por eso llamamos a este momento "el presente".
Así que practiquemos la aceptación, asumamos la responsabilidad de nuestras situaciones y de las circunstancias que vemos como problemas y renunciemos a la necesidad de defender con uñas y dientes nuestros puntos de vista para que los otros los acepten.
No sé si viviremos mas, pero es seguro que lo haremos con una mayor energía.
No sé si viviremos mas, pero es seguro que lo haremos con una mayor energía.
¿Que tal?¿"bien" o "mejor"?
miércoles, 30 de abril de 2014
¿Practicas la "escuchatoria"...?
Cuando "escuché" por primera vez, la importancia que tenia (y posteriormente afirmo que tiene), la "escucha", pensé que era una de las innumerables exageraciones de aquella profesora de la Facultad,... tan expansiva ella....
A través de aportaciones varias y del posterior aprendizaje en el ámbito laboral, he podido descubrir(en base a mi propio experienciaje), que es una habilidad absolutamente imprescindible para todas aquellas personas que tratamos con personas (y entiendo que de alguna manera entramos todos/as en este saco)
Quisiera hacer alusión a la denominada Escucha Activa.
Es importante que diferenciemos entre“escuchar y oír”.
Uno puede oír sin escuchar, pero es imposible escuchar sin oír.
Aclaremos esto: oír quiere decir que estamos percibiendo determinados sonidos a través de nuestros oídos sin que exista la necesidad de entender o apreciar aquello que estamos oyendo.
Escuchar y más si es desde la competencia "activa", implica que ponemos en acción otros mecanismos a parte del oído, tales como actos neuronales de concentración para poder razonar y pensar en aquello que estamos oyendo y escuchando.
Ponemos en marcha el "procesamiento mental".
Cuando alguien nos habla, estamos pensando qué nos quiere decir desde nuestra interpretación, nuestro estado de ánimo, nuestros juicios, nuestras circunstancias, nuestro ser especial.
Cuantas veces suponemos los que nos van a decir.
Cuantas veces, mientras nos hablan, pensamos qué vamos a responder.
La escucha activa consiste en un modo de comunicación en la que demostramos a nuestro interlocutor que le estamos prestando toda la atención posible, que le estamos atendiendo y que además de todo eso, nos está interesando su persona.
Esto es; es trasladarle al "otro-a" que nos interesa como persona. Y esto, realmente, es lo importante y clave a trasladar.
Parto de una premisa quizás algo osada, que hace referencia al concepto de que "escuchar no es fácil".
En algunas de las sesiones formativas en las que participo, suelo poner en "tela de juicio" con algunos juegos y actividades lúdicas, la capacidad de escucha de los alumnos, y puedo asegurar que queda constatado, cómo una habilidad tan simple, puede marcar la diferencia y que escuchar es realmente una gran habilidad a desarrollar.
¿Y que posemos hacer para mejorar nuestra capacidad de escucha?
Algunas pautas de comportamiento facilitan el desarrollo de esta habilidad, y lo que es mas importante, la sensación del otro/a de que le estamos escuchando.
Una buena escucha, además de favorecer la relación por si misma, consigue hacer sentirse arropada, atendida, y valorada, a la persona a la que escuchamos.
Vamos a describir algunas claves al respecto:
Parafrasear: Es el acto de resumir aquello que nos ha comunicado la otra persona, especialmente si alguna de las partes de la conversación nos llama en mayor medida la atención, y también las partes claves de la conversación. Esto es algo muy útil que además ayuda a nuestro interlocutor a que se siga abriendo.
Reflejar el estado emocional (sintonizar y "rapportear"): Además de que se le ha entendido, se le muestra que se sabe cómo se siente. Ayuda a generar emociones comunes. (va mas allá del “sé cómo te sientes” o “te entiendo”)
Validar: debemos mostrar aceptación de las ideas y opiniones de la otra persona aun cuando no estamos de acuerdo.El primer paso para el entendimiento es el respeto por las ideas y opiniones de otras personas.
Es de gran utilidad, además, relativizar nuestras ideas y no caer en los “que uno tiene la razón/ o la mejor opinión y punto“. Para esto podemos utilizar de forma introductoria frases tales como: desde mi punto de vista, puede que me equivoque sin embargo.., en mi opinión, etc.
Si no nos queda claro algo, podemos pedirle que precise los hechos, (entiendo que lo que quieres decir es….)
Otro tema a tener en cuenta es el atender a la tan olvidada "Comunicación no Verbal". que nos permite crear mayor sintonia y por tanto, optar por una comunicacion mas efectiva.
Evita caer en:
Las interrupciones. Espera a que la otra persona te dé paso, aunque no estés de acuerdo con lo que dice.
No cuentes tu propia historia. Recuerda el dicho “Nadie escarmienta en cabeza ajena”. Las personas quieren ser escuchadas, principalmente si tienen una preocupación o problema:Recuerda que el problema lo tienen ellos y no tú. Céntrate en escucharle y ayúdale a encontrar sus propias soluciones.El "yo" no existe.
No dés un consejo que no te hayan pedido. Cuestiónatelo aunque te lo pidan
No Juzgues. No debemos caer en la banalidad de los juicios.
No te adelantes a la información evitando así, tus presuposiciones.
Se respetuoso/a a la hora de dar tus opiniones, y busca hacerlo sin descalificar.
No cambies de tema bruscamente.
Gesticula, acompaña......practica.....te lo agradecerán...
Algunas reflexiones al respecto...
"Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento"
Proverbio Italiano
"Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto" Khalil Gibran.
¿Que tál?¿"bien" o "mejor"?
jueves, 3 de abril de 2014
Yo soy Sara y tú, ¿cómo te llamas?
Vamos a hablar de la palabra, de su poder y de su gran capacidad para influir en las personas.
Si pensamos en su contenido, básicamente, una palabra es un conjunto de letras, al que le hemos dado un sentido.
Las palabras pueden dividirse según criterios morfosintácticos (categoría sintáctica y tipo de flexión), fonológicos (acentuación y número de sílabas) o funcionales.
Pero no vamos a hablar de esto…vamos a hablar de la palabra que te representa, que puede cambiar tu emoción según quien la cite, que a veces nos hace protagonistas, o que nos desmerece; nuestro nombre.
Los profesionales de la comunicación y el marketing conocemos desde una edad muy temprana, formativamente hablando, su poder, y no hay sesión, en temas relacionados con áreas de comunicación (en sus más variadas vertientes), en la que no recordemos, el efecto y valor, que tiene su uso.
Incluso las grandes marcas y las diferentes acciones comerciales a gran escala, han sabido “reinventar” su relevancia en campañas espectaculares (un breve recuerdo a la acción comercial de coca-cola en sus latas. Estos botes llevan impresos más de 100 nombres propios, incluidas frases y nombres genéricos, como “padre” o “la sonrisa más bonita”).
Esta nominalización en sus productos les ha hecho, en un momento de crisis, aumentar un 4% sus ventas en el mercado actual.
Otras marcas como Nutella y Renova, también utilizan esta estrategia. La primera recurre a Facebook para que solicites la etiqueta con tu nombre personalizado, y la segunda, permite personalizar un mensaje en las servilletas de papel.
Nuestro nombre, evidentemente, posee un gran valor.
Identifica a nuestra familia y nuestros orígenes, cuando nos nombran como nuestro abuelo o nuestra madre, en un sutil “juego” de perpetuar ciertos valores familiares ocultos.
Si echamos la vista al pasado, pronto aprendemos que nuestro nombre tiene un “algo especial”, en cuanto a que dependiendo de cómo se pronuncie, así adquiere una tonalidad bien diferenciada.
Así nos convertimos en diminutivos (con matiz cariñoso o despreciativo, según quién lo diga), o nombre completo, citándonos por la totalidad de nuestros-as santos-as, en momentos de severo rigor (académico o de responsabilidad máxima)…, o en objeto de risa, cuando el matiz es burlón y se hace uso de un apocope "graciosillo".
En cualquier caso, una gran cantidad de matices emotivos que surgen, nos definen y contextualizan, por el simple hecho de nombrarnos.
De hecho, si no te nombran, en determinadas circunstancias, no existes.
Te conviertes en el-la innombrable (pasas de ser alguien, a ser la/el “ex” de tal persona), o sencillamente no existes (“la madre de”).
Parece evidente que nuestro nombre tiene poder.
Tiene un poder significante en sí mismo.
A través del nombre adquirimos matices y versiones como personas, aparecemos o desaparecemos, somos (en cuanto a cualidades) o no somos, e inclusive, transmitimos idearios, arraigos, cualidades, etc.
Nuestro nombre nos “cualifica y nos califica”
Nos hace sentirnos orgullosos o nos escondemos detrás de un “seudónimo”.
Nos crea un espacio en este mundo, inclusive antes de nacer.
Nuestros orgullosos padres, ya desde una simbología bien anclada, seleccionan de una larga lista, aquellas cualidades o entramados que inconscientemente le conceden a un “nombre” propio, tras tener su propia experiencia con alguno o por la proyección de deseos inconscientes en cuanto a habilidades y cualidades para sus hijos.
Ya se nos da, desde nuestro nombramiento, una donación de una historia imaginaria. Ya nacemos con una historia, quizás marcada por esa expectativa parental.
En nuestro nombre de pila, se condensan y entrecruzan las cadenas asociativas de los sueños de los padres, respecto al niño o niña, que quieren tener.
Digamos también, que en esto, la moda también hace su “agosto”, sacando a la luz, clones de personas, en cuanto a nombres, por no hablar , que no es el caso, de los poderes fácticos de la historia, las leyendas, la literatura, el cine o la religión, al seleccionar el nombre de nuestros hijos, en nuestra cultura.
Sin embargo y sea por la razón que sea, esta palabra nos acompaña durante toda nuestra vida.
Nos marca e identifica.
Revela “valor”
Yo soy de las que piensa que nombrarnos con orgullo, sea la elección de palabra que sea, nos distingue, nos dignifica, a nosotros mismos y a los demás.
Suelo afirmar (quizás muy categóricamente) que es” la palabra mejor sonante a nuestros oídos” y por mi misma he podido experimentar su efecto. El contexto evidentemente, está implícito en esta afirmación.
Recordemos como resuena en nuestros oídos cuando una persona, para nosotros relevante en nuestro pasado, recuerda y cita, trayendo a presente, nuestro nombre, mas si es para vanagloriar alguna de nuestras hazañas o rememorar viejos y tiernos recuerdos.
Nuestro nombre nos identifica, nos saca de la “alienación”, nos hace seres únicos e individuales, nos hace relevantes, nos devuelve nuestra esencia, nos hace visibles, nos saca del anonimato, nos singulariza.
Nombrar para los antiguos habitantes de la Mesopotamia, era llamar a la vida; un ser como tal o existía si antes no hubiera recibido un nombre (André Leickman, 1983). Nadie podía llevar un nombre si no había sido nombrado por otro. Tener, poseer y llevar un nombre, significaba adquirir un lugar en el sistema simbólico.
Nadie escapa a la asignación de un nombre propio.
Nadie escapa al valor de su nombre.
Nuestro nombre nunca nos es indiferente.
Utilizar el nombre de las otras personas, llamarles como les gusta que les llamemos, citarles “su palabra”, es reconocerles, es concederles valor a “presencia” en el ahora, es sacarles de la alienación.
Llama,… llama mucho por el nombre propio, a los que te rodean.
Llámales como les gusta que les llamen.
Nombrarles, llamarles, les hace visibles a tus ojos.
Les reconforta.
Te convierte en valioso para ellos, porque solo tú, les haces sentir especiales.
Por cierto yo soy Sara y tú ¿Cómo te llamas?
Me encantará que me nombres.
¿Qué tal? ¿Bien o mejor?
Si pensamos en su contenido, básicamente, una palabra es un conjunto de letras, al que le hemos dado un sentido.
Las palabras pueden dividirse según criterios morfosintácticos (categoría sintáctica y tipo de flexión), fonológicos (acentuación y número de sílabas) o funcionales.
Pero no vamos a hablar de esto…vamos a hablar de la palabra que te representa, que puede cambiar tu emoción según quien la cite, que a veces nos hace protagonistas, o que nos desmerece; nuestro nombre.
Los profesionales de la comunicación y el marketing conocemos desde una edad muy temprana, formativamente hablando, su poder, y no hay sesión, en temas relacionados con áreas de comunicación (en sus más variadas vertientes), en la que no recordemos, el efecto y valor, que tiene su uso.
Incluso las grandes marcas y las diferentes acciones comerciales a gran escala, han sabido “reinventar” su relevancia en campañas espectaculares (un breve recuerdo a la acción comercial de coca-cola en sus latas. Estos botes llevan impresos más de 100 nombres propios, incluidas frases y nombres genéricos, como “padre” o “la sonrisa más bonita”).
Esta nominalización en sus productos les ha hecho, en un momento de crisis, aumentar un 4% sus ventas en el mercado actual.
Otras marcas como Nutella y Renova, también utilizan esta estrategia. La primera recurre a Facebook para que solicites la etiqueta con tu nombre personalizado, y la segunda, permite personalizar un mensaje en las servilletas de papel.
Nuestro nombre, evidentemente, posee un gran valor.
Identifica a nuestra familia y nuestros orígenes, cuando nos nombran como nuestro abuelo o nuestra madre, en un sutil “juego” de perpetuar ciertos valores familiares ocultos.
Si echamos la vista al pasado, pronto aprendemos que nuestro nombre tiene un “algo especial”, en cuanto a que dependiendo de cómo se pronuncie, así adquiere una tonalidad bien diferenciada.
Así nos convertimos en diminutivos (con matiz cariñoso o despreciativo, según quién lo diga), o nombre completo, citándonos por la totalidad de nuestros-as santos-as, en momentos de severo rigor (académico o de responsabilidad máxima)…, o en objeto de risa, cuando el matiz es burlón y se hace uso de un apocope "graciosillo".
En cualquier caso, una gran cantidad de matices emotivos que surgen, nos definen y contextualizan, por el simple hecho de nombrarnos.
De hecho, si no te nombran, en determinadas circunstancias, no existes.
Te conviertes en el-la innombrable (pasas de ser alguien, a ser la/el “ex” de tal persona), o sencillamente no existes (“la madre de”).
Parece evidente que nuestro nombre tiene poder.
Tiene un poder significante en sí mismo.
A través del nombre adquirimos matices y versiones como personas, aparecemos o desaparecemos, somos (en cuanto a cualidades) o no somos, e inclusive, transmitimos idearios, arraigos, cualidades, etc.
Nuestro nombre nos “cualifica y nos califica”
Nos hace sentirnos orgullosos o nos escondemos detrás de un “seudónimo”.
Nos crea un espacio en este mundo, inclusive antes de nacer.
Nuestros orgullosos padres, ya desde una simbología bien anclada, seleccionan de una larga lista, aquellas cualidades o entramados que inconscientemente le conceden a un “nombre” propio, tras tener su propia experiencia con alguno o por la proyección de deseos inconscientes en cuanto a habilidades y cualidades para sus hijos.
Ya se nos da, desde nuestro nombramiento, una donación de una historia imaginaria. Ya nacemos con una historia, quizás marcada por esa expectativa parental.
En nuestro nombre de pila, se condensan y entrecruzan las cadenas asociativas de los sueños de los padres, respecto al niño o niña, que quieren tener.
Digamos también, que en esto, la moda también hace su “agosto”, sacando a la luz, clones de personas, en cuanto a nombres, por no hablar , que no es el caso, de los poderes fácticos de la historia, las leyendas, la literatura, el cine o la religión, al seleccionar el nombre de nuestros hijos, en nuestra cultura.
Sin embargo y sea por la razón que sea, esta palabra nos acompaña durante toda nuestra vida.
Nos marca e identifica.
Revela “valor”
Yo soy de las que piensa que nombrarnos con orgullo, sea la elección de palabra que sea, nos distingue, nos dignifica, a nosotros mismos y a los demás.
Suelo afirmar (quizás muy categóricamente) que es” la palabra mejor sonante a nuestros oídos” y por mi misma he podido experimentar su efecto. El contexto evidentemente, está implícito en esta afirmación.
Recordemos como resuena en nuestros oídos cuando una persona, para nosotros relevante en nuestro pasado, recuerda y cita, trayendo a presente, nuestro nombre, mas si es para vanagloriar alguna de nuestras hazañas o rememorar viejos y tiernos recuerdos.
Nuestro nombre nos identifica, nos saca de la “alienación”, nos hace seres únicos e individuales, nos hace relevantes, nos devuelve nuestra esencia, nos hace visibles, nos saca del anonimato, nos singulariza.
Nombrar para los antiguos habitantes de la Mesopotamia, era llamar a la vida; un ser como tal o existía si antes no hubiera recibido un nombre (André Leickman, 1983). Nadie podía llevar un nombre si no había sido nombrado por otro. Tener, poseer y llevar un nombre, significaba adquirir un lugar en el sistema simbólico.
Nadie escapa a la asignación de un nombre propio.
Nadie escapa al valor de su nombre.
Nuestro nombre nunca nos es indiferente.
Utilizar el nombre de las otras personas, llamarles como les gusta que les llamemos, citarles “su palabra”, es reconocerles, es concederles valor a “presencia” en el ahora, es sacarles de la alienación.
Llama,… llama mucho por el nombre propio, a los que te rodean.
Llámales como les gusta que les llamen.
Nombrarles, llamarles, les hace visibles a tus ojos.
Les reconforta.
Te convierte en valioso para ellos, porque solo tú, les haces sentir especiales.
Por cierto yo soy Sara y tú ¿Cómo te llamas?
Me encantará que me nombres.
¿Qué tal? ¿Bien o mejor?
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