miércoles, 30 de abril de 2014

¿Practicas la "escuchatoria"...?










Cuando "escuché" por primera vez, la importancia que tenia (y posteriormente afirmo que tiene), la "escucha", pensé que era una de las innumerables exageraciones de aquella profesora de la Facultad,... tan expansiva ella....






A través de aportaciones varias y del posterior aprendizaje en el ámbito laboral, he podido descubrir(en base a mi propio experienciaje), que es una habilidad absolutamente imprescindible para todas aquellas personas que tratamos con personas (y entiendo que de alguna manera entramos todos/as en este saco)

Quisiera hacer alusión  a la denominada Escucha Activa.

Es importante que diferenciemos entre“escuchar y oír”.

Uno puede oír sin escuchar, pero es imposible escuchar sin oír.

Aclaremos esto: oír quiere decir que estamos percibiendo determinados sonidos a través de nuestros oídos sin que exista la necesidad de entender o apreciar aquello que estamos oyendo.

Escuchar y más si es desde la competencia "activa", implica que ponemos en acción otros mecanismos a parte del oído,  tales como actos neuronales de concentración para poder razonar y pensar en aquello que estamos oyendo y escuchando.
Ponemos en marcha el "procesamiento mental".

Cuando alguien nos habla, estamos pensando qué nos quiere decir desde nuestra interpretación, nuestro estado de ánimo, nuestros juicios, nuestras circunstancias, nuestro ser especial.
Cuantas veces suponemos los que nos van a decir.
Cuantas veces, mientras nos hablan, pensamos qué vamos a responder.


La escucha activa consiste en un modo de comunicación en la que demostramos a nuestro interlocutor que le estamos prestando toda la atención posible, que le estamos atendiendo y que además de todo eso, nos está interesando su persona.

Esto es; es trasladarle al "otro-a" que nos interesa como persona. Y esto, realmente, es lo importante y clave a trasladar.

Parto de una premisa quizás algo osada, que hace referencia al concepto de que "escuchar no es fácil".
En algunas de las sesiones formativas en las que participo, suelo poner en "tela de juicio" con algunos juegos y actividades lúdicas, la capacidad de escucha de los alumnos, y puedo asegurar que queda constatado, cómo una habilidad tan simple, puede marcar la diferencia y que escuchar es realmente una gran habilidad a desarrollar.

¿Y que posemos hacer para mejorar nuestra capacidad de escucha?

Algunas pautas de comportamiento facilitan el desarrollo de esta habilidad, y lo que es mas importante, la sensación del otro/a de que le estamos escuchando.
Una buena escucha, además de favorecer la relación por si misma,  consigue hacer sentirse arropada, atendida, y valorada, a la persona a la que escuchamos.

Vamos a describir algunas claves al respecto:

Parafrasear: Es el acto de resumir aquello que nos ha comunicado la otra persona, especialmente si alguna de las partes de la conversación nos llama en mayor medida la atención, y también las partes claves de la conversación. Esto es algo muy útil  que además ayuda a nuestro interlocutor a que se siga abriendo.

Reflejar el estado emocional (sintonizar y "rapportear"): Además de que se le ha entendido, se le muestra que se sabe cómo se siente. Ayuda a generar emociones comunes. (va mas allá del “sé cómo te sientes” o “te entiendo”)

Validar: debemos mostrar aceptación de las ideas y opiniones de la otra persona aun cuando no estamos de acuerdo.El primer paso para el entendimiento es el respeto por las ideas y opiniones de otras personas.

Es de gran utilidad, además, relativizar nuestras ideas y no caer en los “que uno tiene la razón/ o la mejor opinión y punto“. Para esto podemos utilizar de forma introductoria frases tales como: desde mi punto de vista, puede que me equivoque sin embargo.., en mi opinión, etc.

Si no nos queda claro algo, podemos pedirle que precise los hechos, (entiendo que lo que quieres decir es….)

Otro tema a tener en cuenta es el atender a la tan olvidada "Comunicación no Verbal". que nos permite crear mayor sintonia y por tanto, optar por una comunicacion mas efectiva.

Evita caer en:

Las interrupciones. Espera a que la otra persona te dé paso, aunque no estés de acuerdo con lo que dice.

No cuentes tu propia historia. Recuerda el dicho “Nadie escarmienta en cabeza ajena”. Las personas quieren ser escuchadas, principalmente si tienen una preocupación o problema:Recuerda que el problema lo tienen ellos y no tú. Céntrate en escucharle y ayúdale a encontrar sus propias soluciones.El "yo" no existe.

No dés un consejo que no te hayan pedido. Cuestiónatelo aunque te lo pidan

No Juzgues. No debemos caer en la banalidad de los juicios.

No te adelantes a la información evitando así, tus presuposiciones.

Se respetuoso/a a la hora de dar tus opiniones, y busca hacerlo sin descalificar.

No cambies de tema bruscamente.

Gesticula, acompaña......practica.....te lo agradecerán...


Algunas reflexiones al respecto...

"Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento"
Proverbio Italiano

"Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto" Khalil Gibran.


¿Que tál?¿"bien" o "mejor"?

jueves, 3 de abril de 2014

Yo soy Sara y tú, ¿cómo te llamas?

Vamos a hablar de la palabra, de su poder y de su gran capacidad para influir en las personas.

Si pensamos en su contenido, básicamente, una palabra es un conjunto de letras, al que le hemos dado un sentido.

Las palabras pueden dividirse según criterios morfosintácticos (categoría sintáctica y tipo de flexión), fonológicos (acentuación y número de sílabas) o funcionales.

Pero no vamos a hablar de esto…vamos a hablar de la palabra que te representa, que puede cambiar tu emoción según quien la cite, que a veces nos hace protagonistas, o que nos desmerece; nuestro nombre.

Los profesionales de la comunicación y el marketing conocemos desde una edad muy temprana, formativamente hablando, su poder, y no hay sesión, en temas relacionados con áreas de comunicación (en sus más variadas vertientes), en la que no recordemos, el efecto y valor, que tiene su uso.

Incluso las grandes marcas y las diferentes acciones comerciales a gran escala, han sabido “reinventar” su relevancia en campañas espectaculares (un breve recuerdo a la acción comercial de coca-cola en sus latas. Estos botes llevan impresos más de 100 nombres propios, incluidas frases y nombres genéricos, como “padre” o “la sonrisa más bonita”).
Esta nominalización en sus productos les ha hecho, en un momento de crisis, aumentar un 4% sus ventas en el mercado actual.
Otras marcas como Nutella y Renova, también utilizan esta estrategia. La primera recurre a Facebook para que solicites la etiqueta con tu nombre personalizado, y la segunda, permite personalizar un mensaje en las servilletas de papel.

Nuestro nombre, evidentemente, posee un gran valor.

Identifica a nuestra familia y nuestros orígenes, cuando nos nombran como nuestro abuelo o nuestra madre, en un sutil “juego” de perpetuar ciertos valores familiares ocultos.

Si echamos la vista al pasado, pronto aprendemos que nuestro nombre tiene un “algo especial”, en cuanto a que dependiendo de cómo se pronuncie, así adquiere una tonalidad bien diferenciada.

Así nos convertimos en diminutivos (con matiz cariñoso o despreciativo, según quién lo diga), o nombre completo, citándonos por la totalidad de nuestros-as santos-as, en momentos de severo rigor (académico o de responsabilidad máxima)…, o en objeto de risa, cuando el matiz es burlón y se hace uso de un apocope "graciosillo".

En cualquier caso, una gran cantidad de matices emotivos que surgen, nos definen y contextualizan, por el simple hecho de nombrarnos.

De hecho, si no te nombran, en determinadas circunstancias, no existes.
Te conviertes en el-la innombrable (pasas de ser alguien, a ser la/el “ex” de tal persona), o sencillamente no existes (“la madre de”).

Parece evidente que nuestro nombre tiene poder.

Tiene un poder significante en sí mismo.

A través del nombre adquirimos matices y versiones como personas, aparecemos o desaparecemos, somos (en cuanto a cualidades) o no somos, e inclusive, transmitimos idearios, arraigos, cualidades, etc.

Nuestro nombre nos “cualifica y nos califica”

Nos hace sentirnos orgullosos o nos escondemos detrás de un “seudónimo”.

Nos crea un espacio en este mundo, inclusive antes de nacer.

Nuestros orgullosos padres, ya desde una simbología bien anclada, seleccionan de una larga lista, aquellas cualidades o entramados que inconscientemente le conceden a un “nombre” propio, tras tener su propia experiencia con alguno o por la proyección de deseos inconscientes en cuanto a habilidades y cualidades para sus hijos.
Ya se nos da, desde nuestro nombramiento, una donación de una historia imaginaria. Ya nacemos con una historia, quizás marcada por esa expectativa parental.
En nuestro nombre de pila, se condensan y entrecruzan las cadenas asociativas de los sueños de los padres, respecto al niño o niña, que quieren tener.

Digamos también, que en esto, la moda también hace su “agosto”, sacando a la luz, clones de personas, en cuanto a nombres, por no hablar , que no es el caso, de los poderes fácticos de la historia, las leyendas, la literatura, el cine o la religión, al seleccionar el nombre de nuestros hijos, en nuestra cultura.

Sin embargo y sea por la razón que sea, esta palabra nos acompaña durante toda nuestra vida.
Nos marca e identifica.
Revela “valor”


Yo soy de las que piensa que nombrarnos con orgullo, sea la elección de palabra que sea, nos distingue, nos dignifica, a nosotros mismos y a los demás.

Suelo afirmar (quizás muy categóricamente) que es” la palabra mejor sonante a nuestros oídos” y por mi misma he podido experimentar su efecto. El contexto evidentemente, está implícito en esta afirmación.

Recordemos como resuena en nuestros oídos cuando una persona, para nosotros relevante en nuestro pasado, recuerda y cita, trayendo a presente, nuestro nombre, mas si es para vanagloriar alguna de nuestras hazañas o rememorar viejos y tiernos recuerdos.

Nuestro nombre nos identifica, nos saca de la “alienación”, nos hace seres únicos e individuales, nos hace relevantes, nos devuelve nuestra esencia, nos hace visibles, nos saca del anonimato, nos singulariza.

Nombrar para los antiguos habitantes de la Mesopotamia, era llamar a la vida; un ser como tal o existía si antes no hubiera recibido un nombre (André Leickman, 1983). Nadie podía llevar un nombre si no había sido nombrado por otro. Tener, poseer y llevar un nombre, significaba adquirir un lugar en el sistema simbólico.

Nadie escapa a la asignación de un nombre propio.

Nadie escapa al valor de su nombre.

Nuestro nombre nunca nos es indiferente.

Utilizar el nombre de las otras personas, llamarles como les gusta que les llamemos, citarles “su palabra”, es reconocerles, es concederles valor a “presencia” en el ahora, es sacarles de la alienación.

Llama,… llama mucho por el nombre propio, a los que te rodean.
Llámales como les gusta que les llamen.

Nombrarles, llamarles, les hace visibles a tus ojos.

Les reconforta.
Te convierte en valioso para ellos, porque solo tú, les haces sentir especiales.

Por cierto yo soy Sara y tú ¿Cómo te llamas?
Me encantará que me nombres.

¿Qué tal? ¿Bien o mejor?

jueves, 6 de marzo de 2014

¿Eres tú una "persona amarilla?"

Antes de terminar el año, tuve la oportunidad de conocer “un poquito más”, que no demasiado, a una estupenda mujer, quien sorprendentemente me nombro como “persona amarilla”

Al principio de nuestra conversación me resulto chocante la acepción, dado que no supe entender demasiado bien, que me quería decir.

Me lo explico muy sencillamente haciéndome alusión a la persona de Albert Espinosa y a su libro (que recomiendo) , en el que hace referencia a esta cualificación.

Las personas amarillas, son personas que sin ser exactamente familiares, amantes, o amigos se cruzan en tu vida, y en una sola conversación o encuentro, te la pueden llegar a cambiar.

Eres consciente de que te cambian la vida. Sin saber cómo, sabes que tu encuentro con ellas va a dejar huella en ti.

Y es que es muy probable que pasen por tu vida y desaparezcan para siempre. Sin embargo, hay algo de su energía, de su poder y de su magia, en tu persona. Te han dejado su estela sin necesidad de una conexión intensa o larga en el tiempo.

Desde aquí, quisiera dar las gracias a todas esas “personas amarillas” que como estrellas fugaces, han pasado por el cielo de mi vida.

Darles las gracias por todo lo que me aportaron, por el apoyo y la sabiduría que me hicieron llegar, por estar ahí cuando las necesitaba y sobre todo, por haberme ofrecido tanto, a cambio de tan poco.
Yo ahora pertenezco al club de las personas amarillas. ¿Te apuntas?
¿Qué tal? ¿Bien? o ¿mejor?

jueves, 20 de febrero de 2014

¿y tu? ¿tu tambien tienes vacas en tu vida?




No!! ….. No me he vuelto loca ni nada parecido….ni es mi intención dedicarme ahora a la ganadería….. quisiera acercaros otra reflexión de las muchas que voy teniendo, al objeto de compartir nuevamente algún pensamiento y con el permiso que me caracteriza……os hago participe de él.

En las diferentes sesiones o charlas o conferencias que imparto, suele aparecer un concepto, que en algunas ocasiones, me resulta “poco fácil” de referenciar y de explicar, y es el de las creencias limitantes.
La primera vez que escuche el término, me resulto desagradable, y tampoco sabría muy bien indicar el porqué.
Por necesidades del guion, he tenido que referirme a él en numerosas ocasiones hasta que un día, por azar (o por “causalidad” que diría yo) descubrí un cuento y una reflexión que me ha resultado clave a la hora de plantear de que manera nuestra mente, tan bien programada ella, nos hace ver y vivir y sentir, aquello que de alguna manera se fue instalando en etapas bien tempranas, y que lejos de pasar desapercibido, condiciona, repito, condiciona, de una manera increíble nuestro día a día, hasta el punto de que creamos, que contamos con “tal o cual” habilidad casi innatamente, sin dar cabida a la opción del cambio y el aprendizaje.
Esta historia que paso a relataros y que después comentaré brevemente hace efectivamente alusión al termino “creencias limitantes” tan utilizado en psicología y claves para los coachs

.......Escuchemos el cuento.....

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando a lo lejos vio un sitio de apariencia pobre y decidió hacer una breve visita. Una vez allí, pudieron constatar la pobreza del lugar y de sus habitantes, una pareja y sus tres hijos. Vivían en una casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, y descalzos. El maestro se aproximó al hombre y le preguntó:

-Aquí no existen posibilidades de trabajo, ni tampoco hay comercios. ¿Cómo os las arregláis para poder sobrevivir en este lugar?

-Amigo mío-respondió calmadamente el hombre-, tenemos una vaca que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte de la producción la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en el pueblo de al lado. Con la otra parte de la leche que nos da la vaca, producimos queso y manteca para nuestro consumo, y es así como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió del hombre y de su familia y se fue. En medio del camino, se giró hacia su fiel discípulo y le ordenó:
-Regresa a la casa de la familia y roba la vaca.

El joven miró al maestro con espanto y protestó por la orden. La vaca era el único medio de subsistencia de esa familia. Pero como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió temeroso la orden y robó la vaca. Aquel hecho quedó grabado en su memoria durante años.

Un día el joven decidió dejar a su maestro y regresar a aquel lugar para contar lo sucedido a la familia, pedir perdón y ofrecerles su ayuda. A medida que se aproximaba al lugar, comprobó que todo había cambiado: había árboles floridos, una bonita casa en lugar de la casucha de madera y niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado, ya que supuso que aquella humilde familia había tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, cuando llegó, lo recibió un hombre muy simpático. El chico preguntó por la familia que había vivido allí años atrás. El hombre respondió que siempre habían vivido allí, que eran los mismos. Consternado, el joven le preguntó:
-¿Cómo habéis conseguido mejorara este lugar y vuestra vida de forma tan extraordinaria?
-Teníamos una vaca-respondió entusiasmado el hombre-, pero un día nos la robaron. Entonces nos vimos en la necesidad de hacer cosas nuevas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Fue así como alcanzamos la prosperidad.

Al no contar más con la falsa seguridad que les proveía el sentirse poseedores de algo, así no fuese más que una vaca, debieron tomar la decisión de buscar algo más.

........


Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida. Ideas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez hayamos matado nuestras vacas.

La vaca simboliza todo aquello que te mantiene atado a la mediocridad. Nuestras creencias limitantes........

Una vaca puede ser una excusa.

Una vaca también puede ser un pensamiento irracional que te paraliza y no te deja actuar.

En ocasiones las vacas toman la forma de falsas creencias que no te permiten utilizar tu potencial al máximo.

Las justificaciones, son vacas. Éstas son explicaciones que has venido utilizando para justificar por qué estás donde estás, a pesar de que no quisieras estar ahí.

Las excusas son las vacas más comunes. Éstas no son más que maneras cómodas de eludir nuestras responsabilidades y justificar nuestra mediocridad buscando culpables por aquello que siempre estuvo bajo nuestro control.

Sólo tres cosas son ciertas acerca de las excusas:

Si verdaderamente quieres encontrar una excusa, ten la plena seguridad que la encontrarás.

Cuando comiences a utilizar esta excusa, ten la total certeza que encontrarás aliados. ¡Sí! Vas a encontrar personas que la crean y la compartan. Ellas te van a decir, “yo sé como te sientes porque a mí me sucede exactamente lo mismo”.

La tercera verdad acerca de las excusas es que una vez las des, nada habrá cambiado en tu vida. Nada habrá cambiado acerca de tu realidad.

Cierto tipo de pensamientos se convierten en vacas porque no nos dejan actuar y nos paralizan. Muchas veces son ideas que hemos venido repitiendo sin saber por qué. Ideas que escuchas de otras personas y la repetición y el tiempo las han convertido en dichos populares que no son más que mentiras revestidas de una fina capa de algo que se asemeja a la verdad.


Un ejemplo de esto es la tan común idea de: “Yo soy una persona realista”. Si le preguntas a una persona positiva si ella es optimista, con seguridad te dirá que sí. No obstante, si le preguntas a una persona negativa si ella es pesimista, seguramente te responderá algo así: “Yo no soy pesimista, yo simplemente soy realista”. Si te das cuenta, éste es un pensamiento que no sólo te impide ver tu propio pesimismo, sino que programa qué logras ver y no ver del mundo que te rodea.

La buena noticia es que así en el pasado hayamos permitido que nuestro entorno, o aquellas personas que se encuentran a nuestro alrededor, nos hayan condicionado para el fracaso, hoy podemos cambiar de actitud y reprogramar nuestra mente para el éxito.

Los pensamientos negativos son vacas que no sólo nos mantienen atado a la mediocridad, sino que poco a poco destruyen tu vida. Generan fuerzas y sentimientos nocivos. Nadie nace con estas emociones y sentimientos negativos; ellas son vacas que inadvertidamente adoptamos a lo largo de nuestra vida. Los hemos aprendido y programado en el subconsciente y las consecuencias son desastrosas.

Ahora bien, las vacas más recurrentes, y las que peores resultados traen a nuestras vidas, son las falsas creencias. La razón es muy sencilla: estas limitaciones son falsas, pero las creemos verdaderas, y al creerlas ciertas, no ves la necesidad de cambiar nada en tu vida.

Por ejemplo, si en nuestra mente reposa la creencia de que no puedes triunfar porque no contaste con la buena fortuna de haber estudiado, con seguridad esta idea regirá tu vida, tus expectativas, decisiones, metas y manera de actuar. Esta falsa creencia se convertirá en un programa mental que desde lo más profundo de tu subconsciente regirá todas tus acciones.

¿Cómo llegan estas ideas a convertirse en creencias limitantes? La persona saca deducciones erradas a partir de premisas equívocas que ha aceptado como ciertas. Algo como: “Mis padres nunca fueron a la escuela... Mis padres no lograron mucho en la vida... Yo tampoco fui a la escuela... Yo tampoco lograré mucho con mi vida” (Equivalencia compleja). Metamodelo del lenguaje.

Así que cuestiona toda creencia que exista en tu vida. No aceptes limitaciones sin cuestionar si son ciertas o no. Recuerda que siempre serás lo que creas ser. Si crees que puedes triunfar, seguramente lo harás. Si crees que no lo lograrás, también es cierto. Es tu decisión.

Muchas personas no son conscientes de las vacas que tienen; otras son conscientes de ellas, pero, igual, las siguen cuidando y alimentando, ¿por qué? Por una sencilla razón, porque las vacas nos proveen una zona de confort, una excusa.

Por lo general las vacas depositan la culpabilidad por nuestra situación fuera de nosotros mismos.

La culpa de nuestra mala suerte es de otras personas, de las circunstancias o del destino.

Sin ninguna vaca que justifique nuestra mediocridad, no seríamos más que unos incapaces de aceptar la responsabilidad por nuestro éxito. Sin embargo, la vaca nos convierte en personas con buenas intenciones, a quienes infortunadamente la suerte no le ha sonreído y nos convertimos en víctimas del destino.

Entonces, como ves, la mediocridad es peor que el fracaso total. Éste al menos te obliga a evaluar otras opciones. Cuando has tocado fondo, y te encuentras en el punto más bajo de tu vida la única opción es subir.

Con el conformismo sucede todo lo contrario, puesto que éste engendra mediocridad y a su vez, la mediocridad perpetúa el conformismo. Es ciertamente un círculo vicioso autodestructivo.


ALGUNAS DE LAS VACAS MÁS COMUNES.

Las vacas vienen en varias categorías.


• Vacas “justificadoras de la mediocridad”:

Yo estoy bien... Hay otros en peores circunstancias.
Odio mi trabajo, pero hay que dar gracias que por lo menos lo tengo.
No tendré el mejor matrimonio del mundo, pero por lo menos no estamos peleando todos los días.
No tendremos mucho, pero al menos no nos falta para comer.
Apenas pasé el curso, pero por lo menos no lo perdí. Quizás es hora de aceptar que no soy tan inteligente como los demás.


• Las vacas de “la culpa no es mía”

Para la poca educación que he tenido no me ha ido tan mal. Lástima que mis padres no hubiesen tenido más visión de futuro-
Si mis padres no se hubiesen divorciado, quizás me hubiese ido mejor.
Así era mi madre, lo mío es genético.
Mi problema es que mi pareja no me apoya
Mi problema es que mi pareja es muy negativa.
Es que en este país no hay apoyo para el empresario.
Yo tengo buenas intenciones pero con esta economía pues... que vamos a hacer.
Lo que sucede es que no tuve profesores que me motivaran a salir adelante.



• Las vacas de las falsas creencias:

Pues yo no he querido tener mucho dinero porque el dinero corrompe.
Los ricos son infelices y cuanto entre más tienen, menos contentos están con lo que tienen.


• Las vacas que buscan excusar lo inexcusable:

Es que no me queda ni un minuto libre.
Quisiera leer más, pero no tengo tiempo.
Lo que pasa es que a las mujeres nos toca el doble de difícil que a los hombres.
Es que no quiero empezar hasta no estar absolutamente seguro.
Es que no quiero empezar hasta que no sepa cómo hacerlo perfectamente.


• Las vacas de la impotencia:

Lo que sucede es que yo nunca he sido bueno para eso.
Es que el éxito no es para todo el mundo.
Lamentablemente lo mío es genético. No hay nada que yo pueda hacer.
Lo que uno no aprende de pequeño es muy difícil quererlo aprender de mayor.
Mi problema es que soy muy tímida. Creo que esto es de familia ya que mi madre también era así.


• Las vacas filosofales:

No he actuado, porque yo soy de los que cree que si vamos a hacer algo, o lo hacemos bien o no lo hacemos... y en este momento no creo poderlo hacer tan bien como quisiera.
Si Dios quiere que triunfe, Él me mostrará el camino. Hay que esperar con paciencia.
¿Qué se puede hacer? Unos nacieron con buena estrella y otros nacimos estrellados.


• Las vacas del autoengaño:

El día en que decida que quiero dejar de fumar, lo dejo sin ningún problema. Lo que pasa es que no he querido.
No es que a mí me guste dejar todo para el último minuto, lo que sucede es que yo trabajo mejor bajo presión.





Las vacas con que cargamos a cuestas no se generan porque deliberadamente nos hayamos puesto en la tarea de aprenderlas. Ellas son el resultado de intenciones positivas. Detrás de todo comportamiento, sin importar que tan autodestructivo pueda parecer, subyace una intención positiva con nosotros mismos (Principio de la P.N.L.). Nosotros no hacemos cosas simplemente por causarnos daño, sino porque creemos que de alguna manera estamos derivando un beneficio de ello.

Muchas de las creencias limitantes que arrastramos con nosotros a lo largo de nuestra vida, han sido el resultado de buenas intenciones. Observa lo fácil que se adquiere una vaca. Digamos que esta vaca suena así: “Yo no sirvo para esto”

Esta vaca es muy común entre las personas. Mira como comienza esta vaca de manera casi inconsciente. La persona aprende a hacer bien una tarea, una profesión o un oficio. Disfruta haciéndolo, desarrolla un talento especial para ello y después de algún tiempo piensa: “Esto es para lo que sirvo”.

Asume que en ninguna otra área podrá ser tan efectiva como en ésta. Comienza a dar excusas (vacas), encuentra razones para explicar sus limitaciones, hace afirmaciones tales como:

Yo no sirvo para eso.
Yo siempre he sido así.
No nací con esa habilidad.
No tengo el cuerpo que se necesita para eso.
No poseo la personalidad adecuada.

Y así, inadvertidamente creamos limitaciones que no nos permiten expandir nuestro potencial. Pero el problema no son las personas, sino sus programas mentales, sus pensamientos.

Otras limitaciones (vacas) son el resultado de experiencias pasadas que ya no tienen validez.

Así permitimos muchas veces que una vaca que se encuentra en nuestra mente hace muchos años y que hoy posiblemente no tenga ninguna validez, nos diga qué podemos hacer y qué no.

Lo que quiero que entendamos es que muchas de las limitaciones (vacas) que tienes en este momento no son físicas, ni tienen que ver con tu capacidad mental, tus dotes o tus talentos, sino con creencias limitantes, que en su mayoría son ideas erradas acerca de tu verdadero potencial y de lo que es o no es posible.

Recuerda que toda idea errada que mantengamos en nuestro subconsciente por largo tiempo y validemos con nuestras acciones, se convierte en una forma de auto-hipnosis.

Esto es precisamente lo que detiene a muchas personas para “ser lo que quieren ser”.

A través de esta forma de auto-hipnosis ellas han archivado en su mente toda una serie de falsas creencias e ideas que, quizás en algún momento fueron válidas, pero ahora ya no lo son. Sin embargo, puesto que aún no han sido borradas, continúan ejerciendo su efecto limitador.

Curiosamente, muchas de las vacas que nos mantienen atados a una vida mediocre han sido obsequios de otras personas.

Muchos de nosotros, con frecuencia caemos víctimas de las influencias negativas de otras personas; aceptamos su programación negativa (vaca) sin cuestionamientos. Al hacer esto, permitimos que siembren en nuestra mente falsas creencias que nos limitan física, emocional e intelectualmente.

Estas ideas han sido programadas por nuestros padres, profesores, familiares, amigos, o inclusive por perfectos desconocidos. Y lo único que ellas logran es hacernos creer que somos personas comunes y ordinarias, razón por la cual, hoy les resulta difícil creer que poseemos el potencial necesario para triunfar.

Todo está relacionado con el ARTE DEL BUEN PENSAR.


“NADA DE LO QUE ESCUCHES Y LEAS DEBES ACEPTARLO, DÍGALO QUIEN LO DIGA O ESTÉ ESCRITO DONDE LO ESTÉ, SIN ANTES DISCERNIRLO Y POR TI MISMO DECIDIR SI LO ENCUENTRAS VÁLIDO O NO”.

“Las oportunidades para prosperar están más cerca de lo que creemos. Como en este cuento, sólo hay que atreverse a ir más allá de lo conocido.”



martes, 4 de febrero de 2014

una de paciencia......



No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece
¡más de 30metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratamos de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiramos a resultados en corto plazo, abandonamos súbitamente justo cuando ya estabamos a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés nos puede ayudar.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.

Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al coche de alanteparado en el semaforo… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?

Te propongo (me propongo), tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá solo estés echando raíces….



lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Que tal vas de "sentido del humor"?Yo mejorando, gracias!.

Hoy quería plantarle cara a una reflexión….y con el permiso que me doy habitualmente, la hago extensible a quienes deseen compartirla.

La primera cuestión nos llevaría a definir que entendemos por “sentido del humor”.

Entiendo que es una actitud, un posicionamiento y un talante ante las situaciones que nos toca vivir.Entiendo que es algo más que una sonrisa o una risa, aunque quizás estos sean los inicios. Utilizar la sátira o mostrarse “jocoso” tampoco haría referencia a esta cualidad.

Quizás debiéramos relacionarlo con rasgos como alegría, serenidad, oportunidad, agilidad mental, etc.….y es en estas palabras donde descubro que me hace sentir más cómoda la definición de sentido del humor.

Muchas cualidades y habilidades al servicio de un breve pensamiento y un momento.

Y lo más importante….una cualidad que podemos aprender y que entiendo debiéramos “vivenciar” más a menudo. Todos somos inteligencia y ahora se trata también de aprender a desarrollar el sentido del humor, por el valor que tiene y genera, a pesar de que cada uno tengamos una historia.


En mi experiencia personal y desde bien “txiki”, recuerdo que uno de los mensajes que más resonaba en mis oídos y que seguro algunos compartís, es ese de “la seriedad”.

Cada vez que oía las frases…”es una persona muy seria...”,” confió en él porque es muy serio”, entendía que hacía referencia a valores, principios y fundamentos, que como persona poseía e indudablemente, en mi afán de “copia y pega” de aquella etapa de niñez y pre adolescencia, si uno de los calificativos que automáticamente utilizaban al referirse a ti, era el de la seriedad (...”es una niña muy seria..”) aquello apuntaba maneras.

Aquello era garantía de éxito y por supuesto de valor.

Y así fui por la vida….., justificando incluso algunos comportamientos, tiñéndolos de absoluta seriedad y haciendo de la seriedad mi habito en los diferentes ámbitos de vida (que está bien ser seria en el trabajo, digo yo, pero no necesariamente en tu vida personal!!!)

En mi afán de ser “la mejor”, en casi todo... (característica que busco mantener bien doblegada porque afecta directamente a mi “ego”), me vivo ahora y entiendo que me vivía…de una manera muy seria.

Aquel principio grabado en mi subconsciente y muy conscientemente llevado a la práctica, ha dirigido una gran parte de mis experiencias y si alguna vez me cuestionaba el tema, yo misma reforzaba el mismo con lecturas un tanto inquisitivas con mensajes traspuestos, en los que si además eras mujer, la seriedad tenía que formar parte clave de tu forma de proceder, no vaya a ser que confundieran tu papel e intenciones (esto último muy importante).


Es mas tarde, cuando empiezo a detectar ciertas incongruencias y empiezo a permitirme escuchar otro tipo de mensajes… (“No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa." Alejandro Casona; "Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa." Gabriel García Márquez) y siendo yo tan inteligente o creyéndome tan lista, empiezo a descubrir el valor de la sonrisa, como preámbulo del sentido del humor.

Y practico todas…. ( las sonrisas, se entiende), la amable, la seductora, la dulce, la de compromiso, la sustitutiva de un saludo, la de “recepción”…e incluso aquella que facilita situaciones cuando la tensión puede con las circunstancias.

Y de tanto practicar voy descubriéndome a mi misma en otra faceta que me gusta.
El disfrute y el valor de ese gesto como clave relacional y como anclaje personal, pudiendo decir que actualmente forma parte de mi vida como el dormir o el comer.

Y a consecuencia de esto, sigo con mis descubrimientos…,el sentido del humor.

Lo de la sonrisa, me parecía fácil…..en relación con la “seriedad” a la que hacía alusión al principio de mi reflexión, sin embargo el sentido del humor, eso entendía que eran para mi “palabras mayores”

Aquí además del gesto, empiezo a descubrir como unos finos hilos tienen que ser capaces de tejer otro patrón de respuesta a nivel de comportamiento, ante diferentes situaciones.
Y esto no me parece tan fácil.


He de reconocer que admiro a las personas que poseen y fluyen en esa cualidad.
El poder que tiene el sentido del humor es increíble, mucho mas allá de lo que yo misma imaginaba.

Y empiezo a practicar torpemente en mis círculos más próximos, incluyéndolo en el aula (desde aquí mis disculpas por algunos chistes o “salidas” no entendidas).

Y es que como todo, descubro que se trata de incorporar hábitos y de favorecer la repetición.

Ahora que soy consciente de lo que quiero incorporar, encuentro que me faltan herramientas y formas de hacer.

Me sorprendo a mi misma en esta etapa, observando muy sigilosamente a las personas con quienes habitualmente trato y absorbiendo información cuando deduzco que sacan a pasear esta tan preciada cualidad para mí.

Con cierta torpeza, pero con la pasión que me caracteriza, voy incorporando algunos hábitos a mi repertorio comunicativo.

Y descubro el valor que tiene y sus efectos positivos, a pesar de que en más de una ocasión me sorprendo a mi misma haciendo algo que detesto: y es el de justificar con palabras que lo que acabo de decir o hacer era una broma.

Es en estos momentos en los que me anoto mentalmente como mejorar y compruebo que ya nos iría bien un poquito de sentido del humor, para limar asperezas en esta vida que vivimos.

Hoy leía un articulo interesantísimo en un blog de un colega, que aludía al valor del sentido del humor como recurso en el aula (y en la vida, añado yo).

Afirma que el sentido del humor, fomenta el aprendizaje, relaja y distiende situaciones, refuerza y consolida relaciones, potencia la imaginación, etc.….
He descubierto además a Jesús Damián Fernández con sus escritos de “pedagogía del humor” y a una serie de autores que trabajan en esta línea y que nos permiten enfoques distintos.

Os cito algunas de sus definiciones así como algunas de las conclusiones a las que han llegado, como aporte teórico en esta mi breve experiencia y reflexión.

Octavio Paz nos sugiere que es "Aprender a ser libres es aprender a sonreír". Se debe aprender a poner de relieve la importancia del sentido del humor en la vida cotidiana. Entendiendo por sentido del humor concretamente la capacidad de saber reírse de uno mismo, de no tomarnos demasiado en serio y, por lo tanto, la capacidad también de aumentar nuestra empatía hacia los demás.
El sentido del humor así entendido es una buena herramienta (no la única, pero sí muy útil) para conseguir nuestros propósitos: la construcción de un mundo más amable y más justo, en el que los derechos de todos sean más respetados.

Eduardo Galeano afirma que "El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed". Él piensa que sin sentido del humor, los derechos humanos quizás no se morirían de sed... pero sin duda la tristeza los acecharía y, a lo mejor, se morirían de melancolía.


Por último Germán Payo dice que es “el modo diferente de ver la realidad, que determina un modo de sentir y actuar, o como decía Mingote el humor es darse cuenta de que todo es relativo.

Y en ello estoy y estamos……más entrenamiento para mejorar nuestra calidad de vida.

¿Qué tal, “bien” o “mejor”?



miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Estás donde quieres y cómo quieres estar o ser? "Pilates para el cerebro"




Nuestro cerebro es un sistema de modelado perfecto y si no fuera así, no podríamos vivir.
Procesar continuamente información ante cualquier decisión nos llevaría días.

Tomamos las decisiones rápidamente y juzgamos porque nos basamos en nuestra experiencia anterior. Si nos decidimos enseguida por algo, es porque recabamos información de nuestras anteriores experiencias.

La mayor parte del tiempo nuestro cerebro no piensa.( desde el respeto, eh!!). No pensamos conscientemente, quiero decir. Lo que hacemos es almacenar y buscar pensamientos como patrones de experiencia.

Estos patrones piensan por nosotros. Actuamos desde la “competencia inconsciente”, con el “piloto automático”.
Cuando nuestro cerebro reconoce una parte de un patrón, pone en acción todo el patrón almacenado como modelo. Pone en funcionamiento las experiencias almacenadas anteriores que además han dejado una profunda huella en este tanto repetirse.

No es nada fácil escapar a este procedimiento de pensamiento.

Esto no implica que no lo hagamos de vez en cuando.

¿sabes cuando lo hacemos? cuando todos los patrones anteriores han fallado y nos ponemos a pensar, alejados de otros modelos y de experiencias anteriores. Es de esta forma que creamos nuevas ideas.
Pero para esto es imprescindible detenernos, pararnos. Parar el sistema automatico, pensar conscientemente y de verdad.Así funciona la creatividad y la innovación.


Sin embargo, buscar nuevas ideas no parece natural para las personas, dado que buscamos constantemente explicaciones dentro de nuestra propia experiencia.

Nos cuesta salir de la rutina. Nos cuesta salir de la “zona de confort”

Desafiamos a nuestra propia experiencia cuando no tenemos más remedio, cuando la situación es tan alarmante que debemos poner en marcha otros mecanismos.
Y todo ello con una gran lucha interior, con grandes dudas, con gran sufrimiento y con un gran desgaste psíquico.

El cambio no es fácil para nosotros. Ni gratuito.
¿Y cómo aprendemos a modelar patrones nuevos? Voy a hacer referencia a un gran estudioso del tema, Noam Chomsky, quien investigó una vez cómo hacían los bebés para aprender el lenguaje y descubrió que la única y efectiva herramienta que utilizaban era la repetición.

Aprendemos por repetición, por repetición, por repetición, por repetición .
El poder de la repetición es la vía más sólida para aprender nuevos patrones.
Si construimos modelos nuevos por repetición, es muy importante que entendamos que podemos cambiarlos también por repetición.

Si aceptamos que el aprendizaje natural es por repetición y que por repetición podemos cambiar nuestros modelos, también tendremos que aceptar que por repetición podemos modelar nuestro estilo de comunicación y nuestra personalidad.

Recordemos que estos patrones de comunicación o estilos de comportamiento repercuten en nuestras relaciones en los diferentes ámbitos de vida.

Si cualquiera de nosotros dice, “soy muy asustadizo”, en realidad lo que nos está diciendo es que ha establecido el miedo como un comportameinto repetitivo.

Para salir de ese comportamiento tendrá que repetir modelos diferentes (salir de la zona de confort). Elaborar y responder con conductas distintas, y repetirlas tantas veces que creen un nuevo modelo de conducta hasta que finalmente se borre el programa anterior y contemos con otra “forma de hacer”, una forma de hacer distinta que nos acerque a ese estado de recurso que hayamos denominado por ejemplo “ser una persona más valiente o segura”, etc.…


”Solo con la repetición instalaremos un nuevo “camino o surco cerebral” , una nueva autopista neuronal que nos permita crear diferentes comportamientos y pensamientos.Y aquí es donde os enmarco el cuento del perro perezoso, que inlui la pasada semana.

Ademas de esto, los neurocientíficos han comprobado que algunas de las dificultades mentales de nuestra mente vienen dadas, no por la muerte de las neuronas, sino por la reducción del número de conexiones entre sí (dendritas) lo que sucede por falta de uso.( Ojala hubiera sabido esto en la universidad, donde el catedrático de neurofisiología nos abogaba a una lenta y dulce muerte neuronal, a partir de los 25 años!!)

El ejercicio mental ayuda a “alertar” y “alimentar” la mente.
Nos mantiene activos en las relaciones con los demás.
Captamos mas información y apreciamos más y mejor las conductas ajenas en las otras personas.
Sus comportamientos, mas alla de lo que “vemos”.

Se trata de que nuestro cerebro fabrique su propio alimento; las neurotrofinas.
Son moléculas que producen y secretan las células nerviosas y actúan como alimento para mantenerse saludables.

Cuanto más activas están las células del cerebro, más cantidad de neurotrofinas producen y esto genera más conexiones entre las distintas áreas del cerebro.
Mas fácil nos resultara cambiar surcos mentales y patrones de comportamiento.
El cerebro se vuelve más flexible y más ágil.
Funcionar en “automático” (conducir un coche por ejemplo), hace que el cerebro funcione con un mínimo de energía y se vaya atrofiando.
Las experiencias pasan por la misma carretera (surcos neuronales), sin estimular otras zonas, que acaban “durmiéndose”.

No hay producción además de neurotrofinas.

Las actividades rutinarias son inconscientes.

Os animo a trabajar desde la consciencia, y a estimular el potencial de vuestro cerebro. Esto nos permite además trabajar mentalmente desde el “presente”, siendo nosotros los controladores de nuestros pensamientos y no permitiendo el “caos” mental propio de nuestra mente.

En la relación interpersonal, este aspecto cobra especial importancia, dado que la “claridad” mental nos permite ver, oír y sentir lo que el otro nos está diciendo con mayor pulcritud.
>ACTIVIDADES PROPUESTAS:

1. Siempre que puedas dúchate con los ojos cerrados, por ejemplo. Solo con el tacto localiza las llaves del agua, ajusta la temperatura, busca el champo, etc.…

2. Identifica objetos con el tacto (monedas distintas dentro de un bote, por ejemplo)

3. Utiliza la mano “no dominante”. Come, escribe, abre la pasta de dientes, el cajón……etc.…de esta forma estás estimulando el hemisferio contrario al que estimulas habitualmente.

4. Lee en voz alta…se activan distintos circuitos que los que usas para leer.

5. Cambia de rutinas. Modifica tus hábitos. Experimenta a través de los cinco sentidos (degusta, huele, siente…) los objetos y situaciones de tu alrededor….disfrutando del “ahora” impidiendo que pensamientos del pasado o del futuro te alejen de la experiencia presente. Estás de esta manera imprimiendo la experiencia o situación, alimentando y nutriendo tu mente. Aleja esos pensamientos que te impiden disfrutar del ahora con la técnica “stop! a los pensamientos” postergando los mismos para otro momento, o sencillamente, contén la respiración y congela tus movimientos. Mientras congelas la respiración centra tu atención en algún objeto que se encuentre cerca. Vuelve a respirar.
Sin duda notaras como el dialogo interior comienza inmediatamente de nuevo pero con una percepción diferente y con mayor dominio.

6. Cambia algunos objetos de tu vida cotidiana de sitio (utensilios sencillos), para que el cerebro cree otras rutas…

Animo…!!!!

Por cierto, la disciplina es este tipo de actividades, asi como la constancia, son imprescindibles.
Incluye estas actividades en tu dia a dia. Notarás la diferencia.

¿Que, tal "bien" o "mejor"?